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Entretenimiento para adultos

“When we do fantasy, we must not lose sight of reality”…que palabras más o palabras menos, significa que para hacer fantasía, no tenemos que perder de vista la realidad. Quién lo dijo?…Walt Disney. A qué viene esto?…a lo siguiente:

Mi señora tiene una niña de 6 años, que, como todo buen niño, le gustan las películas de Disney, especialmente Frozen.

Anoche me encontraba viendo por decimotercera vez esta película en Netflix mientras ella combatía fuertemente contra Morfeo. Hielo por aquí y canto por allá me puse a pensar, como supongo nos pasa a todos en algún momento, porqué el señor de las orejas de ratón tiene esa necesidad de enfrentar a un niño a la pérdida, o en caso de Frozen a la discriminación.

Aceptar y enfrentar la realidad, ya sea ante la pérdida de un padre como le sucede a Simba, o de tu pareja de toda la vida como en UP (lágrima enorme rodando por la mejilla), nos ayuda a dar los primeros pasos hacia el final feliz.

Agrego un nivel más, me atrevo a decir que no solo busca transmitir la aceptación de la tragedia, sino también a transitar el futuro con cierto grado de responsabilidad por y hacia aquellos ausentes; Marlin, el papa de Nemo, busca honrar la ausencia materna criando de la mejor forma a su lisiado hijo. Es esa herencia que nos deja el ser querido en el celuloide lo que edifica el alma altruista y noble que logra el final feliz.

Entiendo muy difícil caminar hacia adelante, mirando hacía atrás. Se que lo que escribo resulta, no solo razonable, sino casi obvio, sin embargo, en la práctica, para nosotros, los supuestos adultos, nos cuesta muchísimo poner en práctica esta teoría.

Resulta fácil de comprender que un niño se sienta fascinado hacia estas historias, hablan de finales felices, de princesas y reyes, de bailes…porqué me encuentro fascinado yo?…porque cada vez que me siento con Martu a ver a este cuerpo danzante de ilusiones, caigo, cada vez con mayor vértigo, en la absoluta convicción, que a través de migajas de pan, Disney buscar recordarnos, a nosotros, los adultos, que el final feliz llega solo cuando dejamos de mirar el pasado.

 

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El poder corrompe

“El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, frase de uso común, sin embargo jamas reparé en quién la dijo, buscando un poco, aparentemente, la habría dicho un historiador de título Lord Acton, cuyo verdadero nombre es John Emerich Edward Dalkberg Acton. Pensé que sería algún 9 de la selección brasilera que ante la longitud del nombre y la dificultad que traería a los relatores, decidieron nombrarlo Lord Acton, pero no, este buen hombre sería un señor británico del s. XIX. Relevante?, para nada.

Pero sí es relevante la frase; creo firmemente que está en la naturaleza humana ceder y cambiar ante la adquisición de un poquito de poder, nos seduce, seguramente más que cualquier otro incentivo o placer. Este poder no tiene por que ser absoluto, nos alcanza con uno pequeño para cambiar nuestros hábitos e inclusive valores.

No soy de la idea de ejemplificar, me parece mas importante la regla que el ejemplo, pero falta solo mirar a nuestros políticos latinoamericanos, a nuestros jefes, a nuestros médicos y su accionar, para darnos cuenta que hay una relación directa entre poder y comportamiento.

Escribo estas líneas para buscar la expiación de mis actos, dado que en los últimos meses me he visto tentado y he hecho usufructo de este poder sobre otro ser. Este poder es limitado, mínimo, pero aun así embriagante. Recientemente he tenido la posibilidad de formar y seguramente enseñar (o al menos eso se espera de mí) a otro, y ahora me doy cuenta que esa enseñanza se convirtió en servidumbre. En vez de un compañero, crié un siervo (no animal, sino figurado).

Inicialmente, tuve resistencia de su parte, la rebeldía necesaria y requerida por la juventud, esas miradas de “no voy a hacer esto” o “hacelo vos”; sin embargo, con el tiempo y constancia, ese espíritu se fue doblegando, porqué no, quebrando. Actualmente, es vení y viene, andá y va, trame esto y lo trae, he logrado inclusive imponerle los horarios en el cual almuerzo…si, soy un bastardo,  pero facilita mucho los tiempos el coordinar los almuerzos.

En esta última oración está la explicación de cómo el poder nos va corrompiendo; al principio, la justificación descansaba en que facilitaba los tiempos o era mas eficiente, sin embargo, actualmente, ejerzo mi poder solo por el placer de ver hasta donde llega ese dominio, en que punto va a rebelarse o hasta donde puedo doblegarlo.

Jorge Luis, así se llama, esta ahora al lado mio, mirándome fijo, esperando la orden o el llamado que le de sentido a sus horas. Mientras escribo lo miro y hago alguna mueca como que voy a hablar y el ya se pone atento, pronto para salir corriendo,  yo por dentro me río, por fuera parezco estoico. Me apiado o mantengo este silencio?…vamos a darle un hueso al pobre.

Imperativamente suelto – “Jorge Luis, sit”. Jorge Luis acata. Le doy unas caricias y ya queda chocho. Yo, por dentro río, por fuera estoico.

 

 

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En esta tarde

En esta tranquila tarde, mi turbulenta alma,

en una habitación olvidada y maldita,

Dibuja tu rostro etéreo buscando calma.

Como Asterion, en este laberinto de recuerdos habito

junto a tu carmesí mirada y tus memorables labios

que persisten en convivir conmigo.

Anhelo, deseo, que la quietud de la noche me encuentre,

y con ella la piedad del melancólico sueño,

en no emitir palabras fuerte me empeño,

pero un susurro escapa para pronunciar tu nombre ante el poniente eterno.

 

 

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Se gana y se pierde

Se gana y se pierde, eso es seguro.

Con la reciente muerte de Dolores O’Riordan y mi edad que peligrosamente empieza a deslizarse hacia la cuarta decena, me encontré pensando que en este piedra papel o tijeras que son los eventos que nos tocan presenciar,  mi generación vio y seguirá viendo emigrar a todos aquellos músicos que hicieron de la música lo que la música es hoy en día.

Existen muy pocas bandas y/o solistas cruciales para la historia de la música cuyos integrantes no hayan partido o se encuentren haciendo las valijas. Es un pensamiento triste, pero lo entiendo cierto.

Repasemos rápidamente; The Beatles, Bob Dylan, Led Zeppelin, Queen (me pongo de pie), Rolling Stones, los Who;  en el rubro metal, Black Sabbath, Judas Priest; en el mundo del pop, David Bowie, MJ, Maddona, …todos ya tienen bajas y otros tendrán bajas en un futuro, algunos de estos en un futuro próximo…couf couf Ozzy.

Pocas excepciones se me ocurren que escapen a esta regla, quizás los Peppers, Metallica o GNR, también el movimiento grunge, pero sacando a Eddie Vedder con Pearl Jam, el resto se bajó antes de tiempo.

Peeeeeeeeeeeeeeeeeeero, como dicen que el señor de arriba aprieta pero no ahorca, somos la generación que vio a los mejores deportistas de la historia en sus respectivas disciplinas.

Juguemos al reconto una vez mas; Maradona, Messi (no quiero  quedarme con uno solo), Federer, Bolt, Phelps, Michael Jordan y sus bulls, Tiger Woods (tremendo jugador dentro y fuera de la cancha), Simon Biles, Michelle Kwan, Mike Tyson (Se nos escapó Ali), Floyd Mayweather, McGregor (porqué tuviste que prestarte para ese circo de pelea….ah si, por dinero…mal yo), Schumacher.

Mis hijos los conocerán por nombre y videos, pero no serán testigos de lo que eran capaces de hacer de la misma forma que yo no vi a Michael Jackson hacer el caminante lunar.

Porqué escribo sobre esto?…por que una vez por semana me obligo a escribir en el blog, aunque no sea algo que me guste mucho, así que…publicar, clin caja…como dije, se gana y se pierde, eso seguro.

 

 

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Presione play para continuar

No tengo memoria. Suena fuerte, pero no soy un memorioso, para mi Funes es tan improbable como Ganesha. Mi primer semi nítido recuerdo es salir corriendo de la escuela y subirme cual atleta olímpico a la Renault 4 de mi viejo ante una inminente golpiza. Podría jurar que todo el camino lo hice corriendo, no recuerdo, como dije, tengo pésima memoria. Tenia 8 años.

Pero como Dios aprieta, pero no ahorca, tengo memoria musical. Esto no implica que me acuerde de las letras, la música o los integrantes de la banda, not even close; pero si,  al escuchar una canción o banda, rápidamente mi memoria lo asocia a un recuerdo. Nota importante, no es el recuerdo detallado, sino mas bien el sentimiento que la persona que lo evoca me provoca. Me explico?…escucho algo y me trae esa sensación cálida de un lindo recuerdo sobre alguien o la melancolía de haber perdido a otra.

Alguna vez discutí, me atrevería a decir que acalorada e innecesariamente (si solo pudiera volver el tiempo atrás), de que el cine sonoro era mejor que el mudo, dado que utilizaba mas sentidos. Hoy, al escribir estas líneas me doy cuenta cuán equivocado estaba, debería decirle. Nada importa si utiliza todos los sentidos, el olfato o el tacto, importa lo que despierta en el testigo del milagro, y la música es, sin lugar a duda, la mayor experiencia que un mortal puede esperar a nivel de estímulo. Nietzche dijo, sin música la vida sería un desperdicio…damn right.

El tema es que, y aquí radica mi, llamémosle tribulación, mi vinculo música/sentimiento me lleva a obviar una cantidad considerable de música, porque rehusó el exponerme emocionalmente, si señor, si señora, escucho bien…rehúso a la idea de andar exponiéndome al primer acorde a un alud de sentimientos que me agobian, sean estos buenos o malos.

El problema es que no tengo mucho lugar para correr hoy en día, me restan un par de bastiones musicales que son míos, tierras vírgenes que he guardado con recelo o conquistado antes que nadie a mi alrededor (hasta ahora), entonces puedo disfrutarlos plenamente, pero son pocos, me atrevo a decir que 3: Queen y 2 más. Me reservo la identidad de los otros ternados por precaución, no quiero ser incauto.

Intuyo que somos eso, vos, yo, él, todos, una masa de recuerdos que vibran ante el mínimo perfume, el primer acorde, aquella calle, esta película. Somos esa hoja borrada cientos de veces, donde buscamos garabatear mejor, sin poder olvidar aquellos primeros trazos.

Supongo que es justo.

Siendo así, solo me resta dar play.

 

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Loud Love

Camino a través de los círculos del recuerdo

como un Orfeo moderno,

Sin poder mirar atrás,

y sin dejar de hacerlo.

Con la dulzura de Alfonsina,

me encamino hacia el mar de tu mirada,

Con la certidumbre que me espera,

el ahogo y desasosiego.

Vives en cada acorde que se desprende del tiempo,

tiempo que ya no es mio,

música que ya no espero.

Meticuloso como un orfebre

Te dibujo en el aire de esta noche oscura,

donde tu no estarás sola,

Y solo yo me encuentro.

Con la ebriedad de nuestros cuerpos,

y la demencia de adorar el vértigo,

supimos amarnos,

también perdernos.

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Sucederás

Soy una persona que no cree en absolutamente en nada, me retracto, no creo en casi nada, creo en esa tenue luz que llamamos raciocinio. El adjetivo tenue no busca minimizar la razón, o a Kant, o a toda la ilustración, sin ir mas lejos, sin ella no hubiera existido la revolución francesa, y este es uno de los acontecimientos que más me obsesionan, pero esto será historia de otra hoja.

La razón como guía, si bien ilumina, es una foto en sepia donde el paisaje si bien nítido, carece de profundidad.  El cristal esmerilado por donde cognitivamente concluyo, me hace perder la magia de lo imposible, la certidumbre de lo incierto, el vértigo de lo improbable.

Porqué escribo esto sin mucha pausa?…hoy, al salir a la calle, en una pared cualquiera, entre millones de garabatos ilegibles, resaltaba una frase: “Sucederás, lo sé”, y no pude sentir mas que envidia.

Envidia sana de aquellos que entrevemos una persona que no somos, pero anhelamos, seguramente callados. Anhelamos esa confianza que se requiere para escribir esas letras, cuánta fe se necesita, fe en el destino capaz, capaz en el amor, capaz en la compañera que espera o quizás quien espera es ella; pero fe.

Ese acto de ciega creencia que nubla los gritos Kantianos de la razón, me trasladan a mi infancia, me despierta esa ansiedad de abrir Ficciones y releer ese cuento de Borges, me dan ganas de agarrar lo mejor de mi y ponerlo a resguardo de la tenue luz de la razón.

Sucederá?…ojalá, no lo sé.

Sucederás, lo sé
… como sucede todo lo que es arrojo del destino.
Como sucede mi suerte, el cielo limpio o la flor celeste,
sucederás porque lo grita mi corazón.
Sucederás porque yo soy la mitad de un camino que sólo tú haces puerto.
Sucederás porque está escrito en la fuerza de mis manos,
que son ciegas anclas del mar que en tus abrazos sólo buscan.
Sucederás porque no pueden mentirme la estrellas,
tu brillas desde un lugar escondido que todavía no encuentro.
Pero brillas más que todas ellas…