Belleza, valentía y vejez

Últimamente me he visto absorbido y obsesionado, podría decir, por tres conceptos, que me resultan maravillosamente esquivos a mi comprensión: belleza, valentía y vejez.

Empecemos por el último que me resulta más simple, soy alguien obsesionado con mi vejez, me da un profundo miedo envejecer sin vivir,  no es el miedo a morir, eso nos va a tocar a todos, es cómo llegas y no de estado físico, sino de curtido, cuanto raspaste la vida, qué le robaste (don’t go gentle into that good night…).

Creo firmemente que is better to burn out than to fade away (que gran película es Highlanders, porque mira que sobrevivir a Christopher Lambert…tremendo soundtrack). He leído mil libros de personas que cambian el mundo (mil capaz que son dos o tres), en estos precisos momentos estoy mirando el documental Amy (si no lo han visto, háganlo) desde la comodidad de mi sillón. Pero el problema está ahí, no?…desde el fucking sillón pienso “como me gustaría ser Kapuscininsky o Salgado” y después arranca Deportivo Pasto contra Barcelona de Guayaquil por 32avos de la Copa Bla Bla y dos horas se fueron, puff. Tiene pinta que salen 0 a 0. El sillón es el peor invento del hombre porque para estar vivo hay que estar incómodo, nadie busca ser el próximo Alejandro Magno cuando tiene un sillón reclinable con masajeador incluido.

Creo que cuando lo pienso, me justifico o estoy convencido, aún no decido (a veces me hago trampas a mí mismo) de que he hecho cosas  a mi edad, la lista taxativa no viene al caso, pero digamos que siento cierto superficial y absurdo orgullo de lo que he hecho, pero no me parece suficiente. Creo que jamás me va a parecer suficiente.  Porque en el fondo anhelo callado (la pintura y el disfraz?) cambiar el mundo y el mundo es cambiado, generalmente,  por la gente joven.

Lo cual me lleva a preguntarme; soy joven?…hace no mucho en un almuerzo de trabajo hablábamos sobre que era mejor a la hora de ir a ver a una banda tocar, si ir a campo o a palco sentadito como un lord inglés con monóculo y pañuelo en el bolsillo, y ahí está la respuesta, uno es viejo cuando prefiere el palco al campo, estar sentado aplaudiendo que estar saltando como un enfermo.

Tomemos esto de forma figurada, no pretendo que mi viejo con 60 pirulos meta pogo en Iron Maiden, no viene por ahí la idea, pero cuando elegimos consciente la comodidad sobre la dificultad, somos viejos, ya está, todo vestigio de rebeldía o lo que sea que mueve a aquellos que buscan raspar la vida se te fue. Game over. Tu vida es un all inclusive en un país caribeño donde tenes gente que te sirve y te dedicas a hacer playa y criar panza, no está mal, ojo, cada cual…pero no es lo que yo quiero, sin embargo, cada vez miro  con más cariño el palco, me está llamando el mozo que el buffet  está pronto y puedo comer todo lo que quiera.

Y saben que se necesita para cambiar cuando ese conformismo empieza a susurrarte maléficamente en tu oído?….huevos, valentía, lo cual me lleva al segundo concepto.

Valentía, que pija no tenerla…yo no la tengo, jamás la he tenido, pocas veces me fui a las manos y las pocas veces que me fui, o me pegaron o corrí. También las pocas veces que tuve que ser valiente en hechos o en decisiones, sentí un profundo pánico, me justifiqué pensando que las cosas se iban a dar solas, caer por su propio peso, algunas veces pasó, otras no.

Yo, particularmente, para ser valiente necesito alguien que me ayude a serlo, porque?…no sé, no tengo ni la más remota idea, pero necesito un Virgilio, creo que porque soy patológicamente cagón. JLB dijo “si de algo soy rico es de perplejidades y no de certezas”, si se mide en dinero, puedo comprarme Versalles.

Retomando el tema anterior, para dar vuelta tu vida, para rasparla, necesitas ser valiente, tenes que tener algo, alguien, que te inspire esa valentía, que te inflé el pecho (se me vino la imagen de Popeye a la mente), capaz que hay alguien que le sea inherente esa valentía, que mire el abismo y se tira por el solo hecho de tirarse…si esa persona existe…te odio y también te amo, yo no soy así.

Se necesita valor para decir “no” aunque después lleve a una mayor calma, se necesita valor para decir “si” cuando estas cagado hasta las patas. Yo creo, puedo equivocarme, que la mayoría de nosotros, seres comunes y silvestres, no somos valientes, sopesamos cada decisión importante, sus pro y contras, arriba versus abajo, que gano, que pierdo, y así permanecemos impávidos, petrificados, buscamos señales hasta que la decisión es tomada por nosotros. En el apartado “señales” a mí me gusta mucho pensar cosas como: “si me escribe antes que cuente 10 is the one” ; “si me llaman mañana seguro que pego el laburo”; “si llego al semáforo antes que cambie a rojo seguro que el examen lo meto de taco”…anyway.

Y es así como entre decisiones no tomadas, nos perdemos la belleza de saber que esta vida, que estas riendas que tengo en mis manos, las manejo yo, que a donde estoy yendo, estoy yendo porque yo quiero; puedo perder?, claro que puedo perder, pero hay belleza en perder porque yo jugué, a veces más que en ganar porque cayó por su peso, de esto es lo que tenemos que convencernos.

Nota al pie: A mi Santiago de mañana, espero que cuando pases raya, hayas sido más valiente de lo que lo sos hoy…ojala estés a tiempo.

Ultimo concepto y más esquivo para mí; entiendo que  hay dos tipos de bellezas, la culo teta belleza y la que te despierta algo distinto.

Soy consciente que la belleza culo teta también despierta cosas, pero no sería correcto puntualizar que clase de cosas. Bah, repensándolo, está bien, despierta cosas que son más animalisticas, más básicas, que no está mal, ojo, antropológicamente debemos ser animales desesperados por reproducirnos, y que mejor que reproducirte con alguien que este buena de…sí señor, si señora… culo y tetas.

La otra belleza es la que despierta la parte más… llamémosle, romántica de nuestro ser, la que nos inspira ser mejores o al menos anhelar ser mejores, digamos el beso de una niña a su madre mientras el astro rey se posa sobre el horizonte tiñendo de un violáceo tibio el cielo…lamentablemente, pasa una porteña divina a 20 metros y volvemos a culo teta.

Ahí está el gran problema de nuestros tiempos, deseamos algo más profundo, con más sentido, pero nos vemos bombardeados de belleza inútil. No responsabilizó a nadie por este bombardeo excepto a mí mismo, yo soy superficial. Si me preguntas a mí, entre pechos naturales y otros hechos por el hombre, te digo ya, le ganamos por KO a la invención  de Dios…está bien, él hizo la versión  1.0, pero de ahí en más, hemos hecho unas actualizaciones fantásticas.

¿A que apuntaba con todo esto?…ah, sí…si queremos encontrar la real belleza, tenemos que despegarnos de esta belleza impuesta y fingida, frívola inclusive, de las apariencias. En este juego de las apariencias, estamos perdiendo nuestra individualidad, y no digo que seamos seres individuales, sino que no nos olvidemos que fuimos hechos para ser únicos.

Estoy sesgando todo esto a un aspecto meramente superficial, en mi defensa dije que lo era, pero insisto, nos obsesionamos en que auto, que trabajo, que ropa, que gimnasio, donde vacaciona, en vez de; que sueña, que miedos tiene, que le gustaría hacer. Me gustaría que la primera pregunta cuando conoces a alguien sea “que sueños cumpliste”, en vez de “trabajas o estudias” (imagino que no se pregunta más eso, hace mucho que no salgo).

No se me ocurre una mejor forma de sintetizar esta idea que con una pregunta musical: yo quiero creer que me siento más atraído hacia Janis Joplin que a………(completar este espacio con cualquiera de las rubias que se te vengan a la mente)? y vos?

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