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Quien te dice…

El futuro es más brillante, todo tiempo pasado fue mejor.

La tecnología nos libera, la tecnología nos aliena.

La media naranja para estar completo; estar bien con quien sos.

El trabajo dignifica; dejar de trabajar para disfrutar.

Disfruta de las pequeñas cosas; pensar en grande.

 

 

Y vos ahí, parado entre cruces de calles rodeadas de edificios donde cuelgan carteles de neón que te dicen qué hacer, qué comprar, qué vale, que no…y te aferras a la esperanza de que hay tiempo para decidir, para ser feliz, y el tiempo se te escurre, y se te escurre la fuerza y la voluntad, y toda esa voluntad se convierte en resignación (aunque le llamemos aceptación).

Lo triste y seguramente lo extraño, es que lo aceptamos porque no estamos solo en esa calle, alrededor nuestro un mar de gente mira exactamente lo mismo, apretándonos, en silencio, respirándonos cerca, impasibles, mudos.

Nos sentimos acompañados en la tragedia y eso la hace tolerable.

¿Qué se necesitará para quebrar con esta tradición aberrante e histórica de felicidad esquiva?

A veces creo que nos falta creer en algo, nos sentimos desamparados y pequeños, y la idea paternal de que alguien nos cuida, que todo está escrito en determinado orden, nos tranquiliza, nos ayuda a aceptar.

Otras creo que lo que nos encasilla es creer en algo y actuar en consecuencia. Vernos sometidos a un dogma de comportamiento que damos por idóneo nos ata a comportamientos que no necesariamente están en concordancia con quien somos o como sentimos.

¿Es más feliz alguien que no cree que hay un cielo o un infierno?, ¿es más feliz alguien que cree en el cielo y actúa en consecuencia?

Al releerme me doy cuenta que hay un factor común en ambas presunciones, para ser más feliz se necesitan certidumbres; cambio…para ser feliz se necesita vivir sin miedo. Sin ese miedo, para la mayoría inevitable, del futuro. Sobrellevar con gracia el miedo, sobreponerse a él, desamarrar esa ancla que te retiene a una rutina inquebrantable de quehaceres (probablemente algunos impuestos, otros elegidos) es el mayor impedimento a ser feliz.

Creo que he dicho en más de una oportunidad que soy alguien temeroso, cagón es más preciso, sin embargo, no pierdo de vista que el objetivo de todo esto es ser feliz y para esto, debo desprenderme de la concepción, equivocada, de que errar, que cambiar de caminos, que fracasar es algo repudiable.

Fracasemos con dignidad, juguemos por jugar.

Si logramos vencer la absurda lógica de que el mundo se acaba, que nuestro mundo se acaba, por ir a contracorriente, por errar, por perder…si logramos sentir que el miedo a no ser feliz debería ser mayor al miedo de fracasar…quien te dice…

Un comentario en “Quien te dice…

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