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Turista en la vida

Siempre he dicho que la mejor versión de los seres humanos es la de turista. Se me viene a la mente el dicho popular “nadie es profeta en su propia tierra”, no se si tiene que ver, pero creo que apunta a lo mismo, pero visto 180° distinto. A ver…creo yo que uno es profeta en tierra extraña porque el resto de los humanos al ver a alguien “nuevo” en su comarca presta mayor atención…esto puede ser; pero también creo que uno, cuando va a tierras lejanas, se comporta distinto.

Capaz ustedes son distintos a mi, pero solo a efectos de hablar el mismo lenguaje,  voy a establecer mis reglas básicas de lo que entiendo un turista promedio:

  1. Jamas dice “no” a nada…vamos a salir?…si….vamos a probar esta comida que no tiene forma a nada? …si; en este punto me detengo a contar una experiencia personal. Alguna vez, por el solo hecho de ser afortunado, tuve la posibilidad de conocer Ho Chi Minh, no al señor de barba, sino a la ciudad anteriormente conocida como Saigón. Una noche en un viaje nocturno a través del río que daba antiguamente nombre a la ciudad, nos dieron de cenar variedades de frutos de mar…nos presentaron pescados, etcéteras y etcéteras. Una de estas etcéteras era una pelotita blanca, más parecido a un algodón que a un fruto de mar…jamás pregunté que era, si les aseguro que tenia una textura espantosa, ES PAN TO SA, pero me lo llevé a la boca y para sorpresa de nadie, estaba bastante bien. En Montevideo me daban lo mismo para comer y les decía que no uso cotonetes, gracias.
  2. El turista promedio no conoce el malhumor, para todo ve el lado medio lleno del vaso, llueve…no pasa nada…fuiste a la playa y volviste con una quemadura de tercer grado, no pasa nada…hace 20 minutos estas dando vueltas en la calle buscando estacionamiento, no pasa nada…y así para todo…no sabemos verle el lado malo de la situación, solo lo bueno. En estos momentos padezco un granito en el hombro, me estoy quejando constantemente con pequeños gemiditos ante el rozar de la ropa.
  3. El turista hace lo que quiere, no le importa mas nada que su deseo egoísta…camina por el medio de la calle, usa ropa que jamas en su vida utilizaría en su ciudad natal, anda en bicicleta a pesar que la última vez que se subió a una tenia 8 años. La versión nuestra turista, no entiende de códigos de vestimenta, leyes urbanas, comportamiento colectivo…y el razonamiento es bastante simple…acá nadie me conoce…porque voy a jugar con las reglas que juego siempre?…y lo peor, es que tienen razón a medias.

Porqué a medias?…por que al ser turistas desconocidos, nos permitimos el lujo de ser quienes queremos ser, por 20 días de licencia somos nuestra mejor versión y es buenísimo, pero también triste. Es triste por que al volver, sucumbimos a la presión de lo que se espera de nosotros, perdiendo o al menos dejando un poco de lado, qué queremos para nosotros.

Recientemente alguien mencionó que yo tenía una mejor versión, una versión que cumplía con el 1, 2 y 3 expuesto anteriormente, y me ha dado vueltas en la cabeza, una y otra vez…es posible ser el 1, 2 y 3 en tu día a día?, es posible ser un turista en tu vida diaria?

No voy a mentir, no tengo la más remota idea si es posible, me cuesta creer que es posible, pero será cuestión de ir comiendo un cotonete a la vez…

 

 

 

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