#18 – POESIAS COMPLETAS DE DELMIRA AGUSTINI

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Delmira Agustini es una poeta que perteneció al modernismo de principios del siglo XX en Uruguay.

Esta edición cuenta con un prólogo del crítico literario Albertu Zum Felde donde define a la autora de “pitonisa”. Esta imagen me acompañó durante la totalidad del libro y la entiendo no solo acertada sino excepcionalmente precisa.

Al leer los poemas de Delmira, no puedo dejar de imaginar a una adolescente en su cuarto, melancólica, deseando abrirse al mundo, codiciándolo, manifestando ese deseo a través de una pluma y un papel.

En 1907 se publica El libro blanco, donde si bien puedo sospechar a una autora más contenida, donde todavía prima su necesidad de mantener las apariencias frente al seno familiar – su  madre era particularmente controladora – también podemos comenzar a ver el erotismo de sus poemas.

¡Si la vida es amor, bendita sea!

Quiero más vida para amar! Hoy siento

que no valen mil años de la idea

lo que un minuto azul de sentimiento.

Poema Explosión – El libro blanco

En esta primera cuarteta del poema Explosión – ya el título es muy sugestivo – se vislumbra la necesidad de romper con el pasado melancólico quien despliega sus alas rotas para dar paso al amor real.

Encuentro en la autora la creciente necesidad de imponer los impulsos sobre la razón, contrasta permanentemente la melancolía y amargura de su condición, ávida de vida.

En 1913 se publica Los cálices vacíos y es donde la poesía de la autora me transmite una mayor sensibilidad. Este libro, ofrendado a Eros, es donde la imagen de la pitonisa se me antoja perfecta. Una autora que construye desde la yuxtaposición de imágenes, fuego y nieve, mármol y rosas, melancolía y liberación:

Oh Tú que me arrancaste a la torre más fuerte!

Que alzaste suavemente la sombra como un velo,

Que me lograste rosas en la nieve del alma,

Que me lograste llamas en el mármol del cuerpo;

Que hiciste todo un lago con cisnes, de mi lloro…

Tú que en mí todo puedes,

En mí debes ser Dios!

De tus manos yo quiero hasta el Bien que hace mal…

Soy el cáliz brillante que colmarás, Señor;

Soy, caída y erguida como un lirio a tus plantas,

Más que tuya, mi Dios!

. . . .Perdón, perdón si peco alguna vez, soñando

Que me abrazas con alas ¡todo mío! en el Sol…

¡Oh Tú! – Los cálices vacíos

Veo el vértigo de saltar al abismo del amor sin contemplaciones, rozando lo sacrílego, donde el peligro de quemarse se encuentra latente, pero donde los impulsos pueden más.

También podemos ver en este libro poemas como Tu Boca, estrechamente vinculada a la correspondencia epistolar de la autora.

Yo hacía una divina labor, sobre la roca

Creciente del Orgullo. De la vida lejana,

Algún pétalo vívido me voló en la mañana,

Algún pétalo vívido me voló en la mañana,

Algún beso en la noche. Tenaz como una loca,

Seguía mi divina labor sobre la roca,

. . . .Cuando tu voz que funde como sacra campana

En la nota celeste la vibración humana,

Tendió su lazo de oro al borde de tu boca;

. . . .- Maravilloso nido del vértigo, tu boca! Dos pétalos de rosa abrochando un abismo…-

Tu Boca – Los cálices vacíos

Sospecho que una de las mayores virtudes de Delmira es la estrecha vinculación entre su yo lírico y su vida personal, lo cual dota a su obra de una asombrosa sinceridad.

La musicalidad del poema visto es maravillosa, es imposible no leer este poema en voz alta, saboreando cada verso y vuelve a destacar la demencia con la cual la autora se arroja a la experiencia de amar.

Finalmente, me gustaría recalcar algo expuesto anteriormente, mi mayor y más grata sorpresa al leer a Delmira es como su yo lírico, voraz de vida y amor, acompaña al yo real. Ese salto desbocado desde lo real a lo ficcional, con tanto ímpetu, con tanto brío, me resulta entrañable,  y esa osadía es atemporal y palpita en cada verso.