#23 – BORGES BUENOS AIRES DE ULYSES PETIT DE MURAT

el

Sospecho que toda biografía, ya sea narrada por el propio protagonista o por terceros, despliega en el lector cierto grado de voyeurismo donde no contento con las obras de nuestros autores, buscamos conocer un poco más de su íntimo circulo. Debo admitir que esta idea por momentos me genera ciertos reparos – me siento en la reprobaba idea de, a través del tiempo y el espacio,  pedir un autógrafo – pero sin embargo, entiendo a Borges como una cholulesca debilidad, probablemente, la única que poseo.

Borges Buenos Aires inicialmente nos promete la crónica de una amistad, la amistad entre Petit de Murat y Jorge Luis Borges, sin embargo, pienso que es mucho más.

El libro comienza con los primeros proyectos en los cuales trabajaron juntos, la revista Proa, la revista Martin Fierro, posteriormente comienzan las publicaciones del autor y su influencia, Fervor de Buenos Aires, Luna de Enfrente, Cuaderno de San Martín.

Algo que celebro de este libro es la naturalidad con la cual pasa del comentario literario, hacia la anécdota sensible y familiar.

Este comienzo del libro me ayudó a recordar – si es que algo se recuerda realmente – aquellos primeros poemas donde las espadas y los laberintos ceden su protagonismo a las baldosas y los atardeceres.

Desde uno de tus patios haber mirado

las antiguas estrellas,

desde el banco de

la sombra haber mirado

esas luces dispersas

que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar

ni a ordenar en constelaciones,

haber sentido el círculo del agua

en el secreto aljibe,

el olor del jazmín y la madreselva,

el silencio del pájaro dormido,

el arco del zaguán, la humedad

—esas cosas, acaso, son el poema.

El Sur – Fervor de Buenos Aires

Durante estos inicios el hilo conductor es la amistad, pero no solo la amistad con el autor, sino con toda una generación que marcó la literatura argentina vanguardista de comienzos del siglo XX.

Macedonio Fernández y sus aparente infinitas respuestas, la influencia de Leopoldo Lugones o Groussac, su madre Leonor y ese amor incondicional, las tertulias literarias nocturnas, los contrapunto entre el grupo de Florida – al cual adjudicaban a Borges, si bien él no lo tomó jamás muy en serio –  y los de Boedo, las caminatas por las calles de Buenos Aires, de su Buenos Aires.

Esa es la mayor amistad que el libro nos regala; Petit de Murat narra con una sensibilidad bellísima ese amor idílico que el autor pregonó y estimo que honró toda su vida a aquella ciudad que le dio la noche y los libros.

Estas dos entidades – la ciudad y Borges – podríamos estimarlas distintas, y sin embargo,  se percibe una y la misma, es que Borges, nacido entre los coloridos atardeceres de esta ciudad no tuvo más remedio que, como aquella, hacerse “eterna como el agua y el aire”.

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