#24 – LA PRINCESA PROMETIDA DE WILLIAM GOLDMAN

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Sospecho que todos los hombres, más aún hoy en día, anhelamos con cierta inquietud satisfacer nuestras ansias de aventuras. Ansias que son inmanentes a nuestro ser y que se ven socavadas por la moderna comodidad.

William Goldman – dos veces ganador del Oscar a mejor guion adaptado y original – escribe esta novela maravillosa, donde la aventura está en cada hoja.

Este libro, que inicialmente parece ser la típica gesta de héroes versus villano, presenta una originalidad asombrosa. El libro comienza con el anhelo del narrador – aquí la figura del autor real y el yo narrador se confundirán permanentemente – en regalarle en el cumpleaños de su hijo La Princesa Prometida, novela que el padre del narrador le leía en su juventud.

Aquí hay un rasgo que siempre me gusta destacar, la oralidad, todos los maravillosos cuentos que pertenecen al inconsciente de cada uno de nosotros, nació desde la palabra dicha, para después volverse tinta. El narrador inclusive expone, que jamás leyó el libro, sino que lo recuerda en la voz de su padre.

Ante la falta de inquietud del hijo por la novela, quien no pasa del primer capítulo, el narrador se aventura a publicar una versión “resumida” de la novela. Este recurso le abre al autor dos grandes posibilidades.

Por un lado, veremos irrumpir al narrador en distintas escenas, ya sea para clarificar porqué “recortó” aquí un pedazo de la novela original o para traernos algún recuerdo padre-hijo de su juventud. Esto le da al lector cierto impasse en las escenas trascendentales incrementando la ansiedad de continuar.

Por otro, estas irrupciones obran como crítica a ciertos aparentes esnobismos de las novelas clásicas, donde muchas hojas van dedicadas a la descripción detallada de eventos, aparentemente no significativos. En esta crítica, vislumbro, al autor guionista, quien destaca la acción sobre toda redundancia estilística.

Acción, otro punto alto de la novela, todas las escenas de acciones son vivaces y llenas de dinamismo. Las imágenes salpican el imaginario del lector permanentemente, dotando a la lectura de un dejo cinematográfico palpable.

Pero no todo es acción, el humor sardónico que la novela presenta es maravilloso, ya sea en boca del narrador o a través de sus personajes, el humor es la condición aglutinante para encariñarse con cada uno de los personajes, ya sean estos principales o secundarios.

Finalmente, me gustaría destacar un elemento subjetivo pero que entiendo imprescindible; la novela se encuentra embelesada por una sensibilidad contagiosa. Los recuerdos del narrador, o el epílogo de la novela – donde el narrador se convierte en el personaje principal – el desarrollo de los conceptos de amistad y amor, terminan llevando al lector en un carrusel emotivo, donde todo es posible, inclusive vencer sobre el villano.

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