Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo de Mario Levrero

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El crítico literario uruguayo Ángel Rama incluyó a Mario Levrero dentro de un grupo de autores que denominó “los raros” por su virtud de esquivar lo fácil de etiquetar. Sospecho que al igual que Felisberto Hernandez, prima un ambiente surrealista, donde importa más el desarrollo de la historia que su conclusión. Levrero desafía el canon de comienzo, desarrollo y final aristotélico, poniéndolo patas para arriba, y si bien esto requiere un esfuerzo del ojo lector, es un vuelco interesante a la hora de leer algo inusualmente distinto.

En Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo, Levrero toma la estructura del cuento policial y le agrega lo inverosímil de la literatura fantástica. Toda la trama se da en un tono burlesco, paródico, y como dije anteriormente, es por momentos surrealista.

Entiendo que es una lectura provocativa, contiene escenas de tremendo voltaje donde el lector puede encontrarse asqueado o considerar chocante lo leído – si pasan del primer capítulo sin cerrarlo indignado, van a estar bien -, lo sexual y pervertido se desliza entre las líneas permanentemente, lo real y onírico también.

Este es un punto que hace la lectura interesante, estamos ante un detective tomado de la literatura pulp – Nick Carter fue creado por John Coryell en 1886 – que debe resolver misterios, pero el gran misterio es él. Es aquí donde entra en escena el otro gran atributo de la novela.

El desarrollo del personaje, del yo y su narrador. La novela intercambia permanentemente entre la tercera y primera persona, por momento es confuso y los limites tienden a perderse entre el narrador y el yo narrado. El desdoblamiento del personaje es usual, hay una exploración permanente del inconsciente; el personaje es uno, pero a su vez parece no confiar en sí mismo, parece verse alienado, desde afuera, y eso genera una lectura interesante del personaje, donde muchas veces se pone en juego lo difuso entre lo real y lo onírico. Este recurso más propio del psicoanálisis es característico del autor y es lo que realza su etiqueta de raro.

La novela no carece de atributos tradicionales, su trama es narrada a un buen ritmo, los personajes secundarios son maravillosamente bizarros, los acontecimientos se deslizan entre lo grotesco y el humor permanentemente, la historia tiene giros inesperados y abruptos que también logran mantener la atención del lector; en conclusión, tiene lo que esperamos de una buena novela, pero insisto, el gran fuerte de este libro descansa sobre la unicidad del autor, quien toma  una historia con formato clásico – como es la novela policial – y la reescribe bajo el distorsionado caleidoscopio de su visión.

Solo me queda recomendarles esta novela, para bien o para mal, la recordarán.

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