Los huérfanos de Jorge Carrión

Me acerqué a Jorge Carrión por su libro Contra Amazon – ensayo recientemente lanzado en Uruguay por la editorial Océano bajo el sello Galaxia Gutemberg –, y fue tal de mi agrado que me pregunté que podía ofrecerme desde la libertad de la narración ficcional. Y es así como hoy hablamos de Los Huérfanos.

Novela que podría incluirse en el subgénero postapocalíptico, en la que se narran los acontecimientos que desembocan en una tercera guerra mundial que provoca la destrucción, a través de ataques atómicos, de la población mundial, de la que sobreviven un pequeño grupo de personas, refugiadas en un bunker en Pekín, a salvo de la radiación.

La novela es narrada en primera persona a través del argentino Antonio Marcelo Ibramovich de la Santa Croce, cronista y obsesivo de la lectura del Diccionario,  y de la cual se desprenden dos tramas complementarias. Por un lado, la crónica de los eventos que fueron dando lugar al evento bélico. Por otro, el relato de las condiciones de vida de las personas en el búnker luego de 13 años de aislamiento.

En el desarrollo de la crónica, la humanidad crea y pone en práctica la “reanimación histórica” que consta en reproducir, teatralizar, eventos del pasado. Recuperar la memoria del pasado a través de la práctica de la recreación,  dejando de lado la lectura, las letras, el lenguaje, para tener un tiempo de acción. Junto con este fenómeno adviene la creación del “facing” el cual permite a las personas tener, mediante procedimientos quirúrgicos, dos rostros. El propio y el elegido, el uso de máscaras como símbolo es significativo como individuos que no logran encontrar su identidad. Carrión reflexiona, construye y yuxtapone la idea de memoria y realidad, y la realidad como construcción ficticia. Sospecho que también habla de la redundancia cíclica de una humanidad que no logra adaptarse a un entorno cambiante y logra convencerse de su futilidad, de su estado baladí, capaz de su insignificancia.

Sin embargo, es en el diario de convivencia  donde la historia destaca. Hay algo que me gustaría enfatizar, Carrión es un autor que conoce las herramientas necesarias para lograr un ambiente que acompañe la trama. Esto es importante, o al menos lo entiendo así. Durante el relato, la narración adolecerá de reiteraciones, aliteraciones, largas oraciones, obsesiones discursivas, listas de palabras, que parecerán enlentecer la lectura.  Lo anterior solo condensa un ambiente opresivo, dota al escenario de una carga claustrofóbica que nos permite ver el derretimiento de la situación y los personajes.  No hay una gran precisión en la geografía del bunker, tampoco un desarrollo de los personajes extensivo, sino salpicado, salpicado de obsesiones, de costumbres, de alienación. Con este método, la historia crece en tensión y extrañamiento, y los eventos comienzan a arrebatarse entre la violencia, la perversión, el control, la vigilancia, la bestialidad, la justificación, lo humano.

Es una novela por momentos caótica, laberíntica, por momento siniestra, pero de la cual no pude apartar la mirada; como un voyeur, esta historia permite ver las tinieblas que sobrevuelan nuestra aparente razón. No aseguro que sea del gusto de todos, si bien todos deberíamos leerla, pero capaz en eso está la gran virtud del libro, no dejar indiferentes.


Jorge Carrión (Tarragona, España, 1976) es escritor y Doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde da clases de literatura contemporánea. Escribe habitualmente en el suplemento cultural ABCD, y en las revistas Letras Libres y Quimera (de la que es codirector). Tras publicar en 2001 la novela corta Ene, pasó cinco años leyendo y viajando por los cinco continentes. Fruto de esa experiencia son cuatro libros que reformulan radicalmente la relación entre viaje y literatura en nuestra lengua: el volumen de crónicas La brújula (2006), el libro de artista GR-83 (2007), el libro de viajes Australia (2008), y la crónica-nouvelle La piel de La Boca. Ha vivido en Buenos Aires y en Rosario, y ha colaborado en publicaciones argentinas como Señales, Travesías, Brando y Punto de vista. Fue el único escritor no hispanoamericano antologazo en Idea crónica (Beatriz Viterbo, 2006). Sus textos han aparecido, además, en antologías de España, México y Alemania.

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