Cruzando la cortina roja – Juan M. Corral

Iba a comenzar estas palabras hablando de Freud y su ensayo de lo siniestro, pero después me pareció pretencioso de más, dado que no sé nada de Freud y mucho menos de lo siniestro, así que lo descarté. Después pensé, voy a arrancar hablando de cine, y me di cuenta que se menos de cine que de Freud. Lo cual, me llevó a estar en cero de nuevo. Finalmente, decidí comenzar diciendo algo muy simple: David Lynch es uno de los cineastas que más ha influenciado sobre mi percepción del cine.

Yo, como dije, de cine entiendo poco – siendo generoso – pero sí tengo algunos directores que por su estética y su forma de representar el mundo, recurro habitualmente. Kevin Smith, Akira Kurosawa, Quentin Tarantino e invito a este panteón personal de demiurgos al señor Lynch.

Hace no mucho tiempo, tuve la posibilidad de leer Glorioso bastardo de Juan M. Corral. Un libro maravilloso para entender la compleja red de influencias de un autor como Quentin Tarantino. Es por eso, que tenía altas expectativas sobre este libro: Cruzando la cortina roja que retrata el mundo de David Lynch.

Separemos el libro de la temática.

Por un lado, Corral es un autor atractivo en su enfoque del tema. No descansa en la creación cineasta, sino que ahonda en las distintas influencias que forman al artista y como estas toman parte de los distintos proyectos de los directores. En este caso en particular, es importante como describe el paso de Lynch por el mundo de los comerciales y también su afición por la música. Esta aproximación al mundo Lyncheano deja trazos marcados de la percepción estética del director y de su forma – a mí entender lateral – de pensar el mundo.

Por otro lado: David Lynch. Una cabeza rara, rara en el sentido más Baudelereano del término, torcida, de imágenes esquivas, que permanentemente destruyen las expectativas del espectador. Twin Peaks (1992), Mulholland Drive (2001), Lost Highway (1997) trabajan con  esa idea de extrañamiento psicológico, se te mete debajo de la piel, entre imágenes reptantes y una música claustrofóbica. Creo que este es el plato fuerte que tiene para ofrecernos este director. Después, podemos encontrar pequeñas joyitas como es The straight story (1999), pero hablar de ella me llevaría otro post; lo que sí puedo ofrecer es la invitación a verla y también una promesa: no hay, repito, no hay forma de terminar de ver una película de Lynch y no querer conversar con otra persona sobre ella. Es imposible.  

El libro de Corral y el universo de Lynch dialogan de forma fluida, y el lector cierra el libro enriquecido, cambiado, con una visión mas integral de como es percibido el cine y como lo percibe un cineasta del calibre de Lynch.

Recomiendo profundamente, no solo el libro, sino acompañarlo con las películas, con los comerciales, con la música – mucho NIN, mucho Manson (que tiene un cameo muy turbio en The Lost Highway) para hacer una experiencia global, meta artística, envolvente y un poquito siniestra – gracias Freud -.


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